La Comunidad de Madrid acaba de firmar una estocada de muerte a la Educación Ambiental en esta nuestra Comunidad.
Ha cerrado o recortado hasta la mínima expresión los centros de Educación Ambiental que existían en Madrid.
Los cinco centros que estaban en prórroga (Águila, Arboreto Luis Ceballos, Campillo, Manzanares y Polvoranca) acaban de sufrir, desde primeros de octubre, recortes en sus presupuestos del 50%, lo que ha significado, hasta el momento, el despido de 14 trabajadores, y en la práctica, el desmantelamiento de los programas realmente transformadores que existían.
Esto es el principio del fin de la educación ambiental en Madrid. Esta Educación Ambiental tenía el cometido de transformar las estructuras (sociales, políticas, económicas), y, sobretodo, los valores (humanos, educativos). Entramos en una era en la que la educación ambiental va a ser, para la Comunidad de Madrid, un mero escaparate cosmético y una forma de justificar su interés por la cuestión ambiental.
Pliegos de condiciones a la baja en lo económico, y a la bajísima en criterios Educativos, sueldos irrisorios de poco más de 800 € (ni siquiera mileuristas) y una gestión burocratizada por unos responsables como el Jefe de Área Alberto Alonso Rodríguez (un puesto “a dedo” o de libre designación colocado en 2005, donde antes había un puesto técnico) junto con un equipo de funcionarios que les falta cualificación, voluntad y espíritu; son las razones tristes, además de la voluntad política, que nos está llevando a esta situación.
A partir de ahora, se atenderán grupos escolares y visitantes de fin de semana, como en el museo de cera, eso es hacia lo que va, hacia lo mismo que se hacía cuando se empezó con esto hace veinte años. Cosmética, mercado, imagen.
Nos vamos a jugar mucho con esta pérdida tan importante para el planeta diríamos incluso…
Para conocer más, en Madrilonia un representante de la asamblea de educadores ambientales explica los recortes en el sector